Por fin un ejemplo realizable, no extremista. Me fascinó.
Vía emol
En Chile nos estabamos emocionando con la idea de que los biocombustibles salvarían el
día, anunciando políticas públicas que harían más fácil su introducción, pero enfrentémoslo: era demasiado bueno para ser cierto.
Este es definitivamente un must read. Low-tech magazine nos cuenta por qué los biocombustibles no son tan buenos como parecen. Los que vienen de productos vegetales como el maíz o el raps consumen más energía en su producción que lo que entregan, ya que plantarlos, alimentarlos, desinfestarlos, cosecharlos y transportarlos hasta tí querido lector, consumidor final, requiere energía, mucha energía, la que paradógicamente proviene del petróleo o sus derivados, que son los que se supone se quiere dejar de utilizar.
Una idea que había escuchado que se quería implementar en Chile era crear biocombustibles a partir de desechos forestales. ¡Que buena idea! me dije. Hasta que leí el artículo mencionado antes, claro, ya que después lo único que pude decir fue DOH!: los “desechos” no lo son para la tierra, son los que hacen que una vez cosechado lo plantado, lo que se vuelva a plantar pueda crecer. Además, es un poco obvio que sólo con desechos no da como para crear una cantidad de combustible que haga un aporte que valga la pena…
Luego cuenta sobre la que parece ser la nueva panacea de los biocombustibles: crearlos a partir de algas. La historia es parecida a la de los otros biocombustibles, explicando las peculiaridades de este proceso.
Está de más mencionar que en otros artículos hace pedazos a otros tipos de combustibles “verdes”. Al parecer, la gran conclusión a la que uno puede llegar luego de leerlos, es que la única forma sensata de solucionar el problema de la energía es cortar la tontera y comenzar a gastar menos energía, a menos, claro, que alguien logre contrariar la termodinámica.
Este ha sido un aporte de BadWasted a la no proliferación de aseveraciones ridículas en los carretes.